
Te adentras en la noche para exaltar mis emociones
Me sabes paciente, esperando el torrente de tus aguas
Siempre fresca en tus momentos de crisis,
para robarte lo amargo de tus pensamientos
Me acechas con tu mirada penetrante,
y en cada ojear me desnudas los deseos
Recorres mis espacios cuencos, con la magia primitiva de lo místico
Que nos transporta más allá del simple roce de dos pieles
Sintiendo vibraciones en las penumbras de mi cuerpo
Visto negro como la noche misma,
deseando que se sumerja en intensa lluvia
Donde al abrir la ventana, el olor a tierra húmeda despierte la fiera
que llevo por dentro. Que nuestros cuerpos sientan el rocío de la lluvia en el viento
Te embosque en la estepa de los recuerdos, indefenso y desarmado
Devolviéndote el más mínimo rastro de esperanza
Para que creyeras nuevamente en el palpitar de dos.
Hoy ceñidos en la misma ánfora del deseo, nuestras áureas
son quienes se acoplan primero, se dan el primer roce de carias sin toque,
para adentrarnos en la loca experiencia de la entrega henchida de ardor.

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Murmullos al oido
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